Hay canciones que llegan a nuestra vida en un momento concreto… y se quedan para siempre.
A veces no entendemos por qué una letra nos emociona, por qué una melodía nos acompaña durante años o por qué determinadas canciones terminan formando parte de nuestra historia personal.
Eso fue exactamente lo que ocurrió con “Respiras y yo”, una canción de Rosana que escuché por primera vez durante mi adolescencia, interpretada por una niña llamada Kesia.
Nunca imaginé que años después aquella canción terminaría convirtiéndose, de alguna manera, en el hilo invisible que uniría musicoterapia, investigación, maternidad, humanización de cuidados y nuestra participación en el documentalMejor Vivir Sin Miedo.
Porque hay momentos que aparecen en la vida profesional y personal para recordarte por qué empezaste un proyecto.
Y participar en este documental ha sido uno de ellos.
Durante el rodaje vivimos algo mucho más profundo que una grabación: compartimos una forma de entender la salud desde la emoción, la música, el vínculo y el acompañamiento emocional a las personas.
Lo que comenzó hace años como una inquietud profesional relacionada con la musicoterapia y el bienestar emocional continúa creciendo hoy gracias a proyectos que creen en una salud más humana, cercana y emocionalmente consciente.
Foto original de izqda a dcha: Rosana, Silvia Evora Lebrero enfermera investigadora y Alicia Lorenzo Musicoterapeuta ( Fundación Musicoterapia y Salud)
CUANDO UNA CANCIÓN ENTRA EN TU VIDA
Escuché “Respiras y yo” por primera vez en los años 90, en el programa Sorpresa, Sorpresa de Isabel Gemio.
Recuerdo perfectamente la voz dulce de una niña llamada Kesia interpretando aquella canción de Rosana. Había algo profundamente especial en aquella letra. Por primera vez escuchaba una canción narrada desde la mirada de un bebé que estaba a punto de nacer, describiendo el momento de abandonar el cuerpo de su madre para reencontrarse con ella al atravesar la luz.
Aún era adolescente y la maternidad me quedaba muy lejos, pero aquella canción se quedó guardada en algún lugar importante de mi memoria emocional.
Años después volvió a mí.
Me quedé embarazada de mi hijo Max en octubre y, cuando llegó finales de junio, el calor era intenso y las ganas de verle aún mayores. Necesitaba abrazarlo, ponerle cara, comenzar a cuidarlo ya desde el otro lado de la piel.
Aquella tarde había salido a caminar durante horas intentando favorecer el inicio del parto. Al regresar a casa, cerré las persianas del salón para protegerme del calor, extendí una esterilla en el suelo y decidí regalarme un momento de calma.
Entonces volvió aquella canción: “Respiras y yo”.
Comencé a escucharla en bucle junto a otras canciones de Rosana. Una vez. Y otra. Y otra más.
Poco a poco fui entrando en un estado de relajación profunda donde cada palabra parecía cobrar vida dentro de mí. Mientras sonaba la música, visualizaba a mi hijo moviéndose lentamente en mi vientre, buscando el camino para nacer. Imaginaba cómo descendía poco a poco siguiendo mi voz, atravesando conmigo aquel viaje invisible que terminaría en nuestro primer abrazo.
Sentía que la música nos estaba conectando.
Que de alguna manera él también escuchaba, percibía y acompañaba aquel instante conmigo.
Y entonces ocurrió. Apenas una hora después rompí aguas.
Me había puesto de parto.
Foto original. Silvia y Max
LA MÚSICA COMO HERRAMIENTA DE CUIDADO
Con los años comprendí que aquello que había sentido durante mi embarazo también tenía una explicación científica.
Hoy sabemos que la música puede influir en nuestras emociones, disminuir el estrés y activar áreas cerebrales relacionadas con el bienestar y el vínculo emocional. Pero hay algo todavía más poderoso: cantar juntos. Durante nuestros talleres de musicoterapia en el hospital observamos algo muy especial. Las madres no solo disfrutaban de la música; también fortalecían el vínculo con sus bebés incluso antes del nacimiento
La música les permitía parar. Respirar. Escucharse.
Porque a veces una canción consigue algo que las palabras no alcanzan: hacer que las personas se sientan comprendidas y menos solas.
DEL HOSPITAL AL DOCUMENTAL
Lo que comenzó como una vivencia profundamente personal durante mi maternidad terminó convirtiéndose también en mi despertar científico. Como enfermera, necesitaba comprender si la música podía ayudarnos realmente en la salud mental perinatal y convertirse en una herramienta de prevención y bienestar emocional para las madres.
Así nacieron nuestros talleres de musicoterapia.
Y desde el primer día hubo una canción que nos acompañó siempre: “Respiras y yo” de Rosana.
Cada vez que sonaba ocurría algo difícil de describir. Las futuras mamás conectaban profundamente con sus bebés mientras cantábamos juntas. Las lágrimas aparecían con frecuencia como expresión de ese vínculo invisible que iba creciendo poco a poco al ritmo de la música y las guitarras.
Gracias a Sonia, enfermera del Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, conseguimos organizar los talleres con las mamás gestantes de la zona y, casi sin imaginarlo, apareció el primer hilo que nos acercaría a Rosana.
Sonia nos ayudó a contactar con Susana, mánager de Rosana, quien nos escuchó desde el primer momento con enorme cercanía e interés por el proyecto. Poco después, junto a la productora de Anna Saura @atrececreaciones y tras conversar con Javier Palomo del Rey, director del documental Mejor Vivir Sin Miedo, surgió una propuesta inesperada: participar en el documental a través de un taller sorpresa junto a las madres y sus bebés, muchos de ellos antiguos “participantes intraútero” de nuestra investigación.
Y entonces llegó uno de esos momentos que quedan grabados para siempre.
Foto original. Rosana y Silvia entregando regalos y recuerdos de la investigación
Mientras cantábamos “Respiras y yo” guiadas por nuestra querida musicoterapeuta Alicia Lorenzo Vázquez, cofundadora de Fundación Musicoterapia y Salud, Rosana apareció de forma inesperada en mitad del círculo.
Foto original. Rosana y grupo de mamás Investigación Musicoterapia Salud Perinatal
EL VERDADERO EFECTO MARIPOSA
Una canción escuchada en la adolescencia terminó años después ayudándonos a dar visibilidad a proyectos de enfermería investigando con musicoterapia, humanización y salud emocional para nuestras futuras mamás.
Sin duda, un sueño hecho realidad, como profesional de la enfermería me siento muy orgullosa del camino recorrido muy bien acompañada por grandísimas compañeras de la música además de la salud mental que tanto me han enseñado, para aplicarlo en terreno con las mujeres día a día.
Quizás el verdadero efecto mariposa de la música sea precisamente ese: transformar emociones en encuentros capaces de cambiar vidas
Foto original. Rosana, Max, Mamás voluntarias y Bebés con Investigadoras y Fundación Musicoterapia y Salud.
Gracias infinitas , Rosana, por regalarnos este momento maravilloso emocional y musical como colofón a una investigación de mujeres en su camino de transformación a la maternidad apoyando el avance de la ciencia de enfermería en la prevención de la Salud Mental Perinatal
Aquí te dejo un extracto del momento tan especial que vivimos con Rosana . Enlace vídeo original.